Proyecto Osiris: dejar de ser perfectos para volver a estar completos

Hay una exigencia silenciosa que muchos llevamos dentro.

La autoexigencia y el perfeccionismo muchas veces se disfrazan de fortaleza.
De la necesidad de cumplir, de estar bien, de responder, de mejorar, de sanar rápido, de no fallar, de tener claridad, de avanzar y de demostrar que podemos con todo.

La necesidad de cumplir.

De decir estar bien.
Dar respuesta todo.
Recuperarse rápido.
El jamas errar.
Tener todo claro.
Seguir adelante sin analizar
De demostrar que podemos con todo.

Durante años confundimos esa exigencia con fortaleza.

Pensamos que mientras más sosteníamos, más valiosos éramos. Que mientras menos nos quejábamos, más maduros éramos. Que mientras más logros acumulábamos, más cerca estábamos de sentirnos completos.

«Autoexigencia y perfeccionismo: dos palabras que muchas veces se disfrazan de madurez, disciplina y fortaleza»

¿De que te convences que no te permite ser?

Nos convencimos de que había que poder con todo.

Ser buenos hijos.
Buenas parejas.
Excelentes profesionales.
Mejores amigos.
Personas disciplinadas.
Mega consientes.
Siempre sanas.
Seres exitosos.
Humanos espirituales.
Personas fuertes.

Y en algún punto, sin darnos cuenta, dejamos de vivir para empezar a cumplir.

Con lo que otros esperan.
La imagen que construimos de nosotros mismos.
Nuestras metas.
Nuestros procesos.
Cumplir incluso con nuestra propia sanación.

Pero un día, incluso cumpliendo, algo empieza a doler.

Y no porque la vida esté mal.
O porque no hayamos prosperado.
Estemos siendo ingratos.
No porque no tengamos motivos para agradecer.

Sino porque tal vez hemos pagado demasiado caro el intento de ser perfectos.

Tal vez aprendimos a funcionar, pero no siempre a habitarnos.


Siempre rendir, pero no siempre a descansar.
cumplir, pero no siempre a escucharnos.
Siempre sostener, pero no siempre a pedir ayudar.
Aprendimos a construir una vida, pero no siempre a sentirnos vivos dentro de ella.

Y ahí aparece una pregunta difícil, pero necesaria:

¿Estoy construyendo una vida que me expande, o una vida que solo intenta demostrar que valgo?

porque muchas veces detrás de la perfección no hay solo disciplina.
Hay miedo.

A decepcionar
La no suficiencia.
Sensación a quedarse atrás.
Perder el amor.
Miedo a fallar.
Miedo a que, si dejamos de cumplir, algo en nuestra vida se derrumbe.

Entonces seguimos.

Trabajando.
Respondiendo.
Entrenando.
Sonriendo.
Produciendo.
Diciendo “estoy bien”.
Seguimos siendo «fuertes».

Pero por dentro, algunas partes empiezan a quedarse atrás.

La que quería jugar.
Esa parte que quería crear.
Aquella que necesitaba descansar.
simplemente llorar sin explicación.
La parte que quería equivocarse sin sentirse culpable.
La parte que simplemente quería existir sin tener que demostrar nada.

Y ahí nace Osiris.

No como una respuesta perfecta.
Tampoco una nueva meta que cumplir.
Menos como otro sistema para exigirnos más.
Sin buscando ser esa estructura perfecta para ordenar la vida desde el control.

Osiris nace como una invitación a reunir las partes que fuimos dejando atrás en el camino.

La del cansancio
Esa que todavía sueña.
La que quiere volver a moverse.
Cuando se necesita silencio.
La parte que quiere crear.
La parte que aún cree que puede renacer, pero esta vez sin destruirse para lograrlo.

Porque Osiris no representa al ser intacto.
Representa al ser fragmentado que decide reconstruirse.

Y esa diferencia lo cambia todo.

Durante mucho tiempo creemos que sanar significa volver a ser quienes éramos antes. Recuperar la versión fuerte, productiva, luminosa, segura, invencible. Pero quizás sanar no se trata de volver atrás.

¿Quizás sanar es aprender a reunirnos de una forma nueva?.

Siendo más real.
Sentir más humildad.
Ser más consientes.
Con más ternura.
Con menos necesidad de aparentar que todo está bajo control.

Porque quizás no vinimos a ser perfectos.

Quizás vinimos a volvernos completos.

Completos no significa sin heridas.
Tampoco significa no sentir miedo.
O vivir sin contradicciones.
Completos no significa tener siempre claridad, energía, propósito y disciplina.

Completos significa poder mirarnos enteros.

Nuestra luz y nuestra sombra.
En fuerza y en cansancio.
Vibrando en ambición y nuestra necesidad de paz.
Con nuestro deseo de avanzar y nuestra necesidad de detenernos.
Con nuestro fuego, nuestra agua, nuestro aire, nuestra tierra y esa electricidad interna que a veces se apaga, pero nunca desaparece del todo.

Por eso Osiris no busca crear una vida perfecta.
Busca crear una vida integrada.

Una vida donde el fuego no nos consuma.
El agua no nos ahogue.
En que el aire no nos disperse
Donde la tierra no nos encierre.
Donde la electricidad vuelva a circular por dentro, no como ansiedad, sino como energía vital.

Desde ahí, cada pilar del sistema tiene un sentido.

Fénix nos recuerda que siempre podemos renacer, pero que no necesitamos incendiarnos una y otra vez para demostrar que somos fuertes.

Boreal nos devuelve al cuerpo, al movimiento, al hielo, al deporte y a la disciplina consciente; no como castigo, sino como una forma de volver a sentirnos vivos.

Atón nos conecta con la energía, la espiritualidad y la luz interna; no para escapar del mundo, sino para habitarlo con más presencia.

Thot nos invita a escribir, expresar, nombrar y transformar lo que sentimos; porque a veces el alma no necesita una respuesta, necesita una voz.

Horus aparece como la visión que nace después de la reconstrucción. La mirada que se eleva por encima del dolor, del miedo y de la exigencia. No para negar lo vivido, sino para comprenderlo desde una conciencia más amplia. Horus nos recuerda que, después de reunir nuestras partes, también necesitamos aprender a mirar hacia dónde queremos dirigir nuestra vida.

Osiris reúne todo eso.

No para convertirnos en alguien perfecto, sino para recordarnos que no somos una sola parte.

Somos muchas partes intentando volver a conversar entre sí.

Cuerpo.
Mente.
Emoción.
Energía.
Historia.
Deseo.
Cansancio.
Memoria.
Futuro.
Contradicción.
Somos posibilidad.

Y quizás el verdadero camino no consiste en eliminar nuestras contradicciones, sino en aprender a escucharlas.

No siempre tenemos que ser fuertes.
Saber qué hacer.
Sanar rápido.
Estar disponibles.
No siempre tenemos que tener una respuesta.

A veces también necesitamos detenernos.

Respirar.
Para volver al cuerpo.
Al silencio.
Palabra o voz.
A ese fuego interno.
Lo simple.
A nosotros.

Porque hay una vida que no se construye desde la exigencia, sino desde la presencia.

Una vida donde no todo tiene que ser útil.
Donde no todo tiene que serconvertirse en logro.
El descansar no sea culpa.
Equivocarse no sea fracaso.
Sentir, no sea debilidad.
Donde cambiar de rumbo no sea perderse.

Una vida donde podamos decir:

En aprendizaje.
Continúo reconstruyéndome.
En integración de mis partes.
Estoy dejando de exigirme perfección para empezar a habitarme con verdad.

Ese es, quizás, el corazón de Proyecto Osiris.

No conseguir una versión idealizada de nosotros mismos.
O convertirnos en seres impecables.
De vivir atrapados en una mejora constante que nunca nos deja descansar.

Sino recordar que somos seres vivos, no proyectos eternamente incompletos.

Y que también merecemos paz antes de tener todo resuelto.

Quizás no necesitamos una vida perfecta.

Quizás necesitamos una vida más nuestra.

Dejándonos mirar hacia adentro sin castigarnos.
Avanzar sin abandonarnos.
Crecer sin rompernos.
Una vida donde podamos renacer sin tener que arder hasta las cenizas cada vez.

Porque al final, Osiris no aparece cuando todo está en orden.

Sino cuando reconocemos nuestras partes dispersas y decidimos reunirlas con amor.

Esta cuando dejamos de perseguir la perfección y comenzamos a buscar integración.

Aparece cuando entendemos que el alma no quiere ser impecable.

Quiere estar completa.

Y tal vez ese sea el verdadero inicio:

Dejar de vivir para demostrar que podemos con todo,
y empezar a vivir para recordar quiénes somos cuando dejamos de exigirnos tanto.

No quiero una vida perfecta.

Quiero una vida integrada.

Una vida donde mi fuego no me consuma,

mi agua no me ahogue,
mi aire no me disperse,
mi tierra no me encierre,
y mi electricidad vuelva a encenderme desde adentro.

Porque no vine a ser perfecto.
Vine a volverme completo reconociendo que lo soy.

Barrio Londres, en Santiago de Chile, un momento inspirador en mi vida, cual es el tuyo?
Dejar de vivir fragmentado entre lo que uno debe ser y lo que realmente está pidiendo el alma.

Y tú, ¿qué parte de ti sientes que has dejado atrás intentando cumplir, ser fuerte o hacerlo todo bien?

Te leo en los comentarios.

Lecturas para seguir profundizando y que inspiraron esta reflexión

Si esta reflexión resonó contigo, quizás estas lecturas también puedan acompañarte:

  • El hombre en busca de sentido, Viktor Frankl.
    Para profundizar en la búsqueda de sentido incluso en medio del dolor.
  • Los dones de la imperfección, Brené Brown.
    Para soltar la exigencia de ser perfectos y acercarnos a una vida más auténtica.
  • Encontrar sentido en la segunda mitad de la vida, James Hollis.
    Para mirar esa etapa en que ya no basta cumplir roles o metas externas, y aparece una búsqueda más profunda del alma.

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Con cariño,
Piero Brull
Creador del Sistema Osiris


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4 comentarios en «Proyecto Osiris: dejar de ser perfectos para volver a estar completos»

  1. Mientras leía esto me di cuenta de que nunca me identifiqué del todo con la idea de perseguir la perfección.
    Durante mucho tiempo creí que mi problema era la exigencia. Con los años empecé a sospechar que era algo más difícil de nombrar.
    No siento que viva intentando ser perfecto. Siento que vivo intentando encontrar significado.
    Hay días en los que hago todo lo que corresponde. Cumplo. Avanzo. Termino lo que debo terminar. Y aun así queda una sensación extraña, como si la vida siguiera ocurriendo delante de mí sin que yo terminara de habitarla.
    Por eso me pregunto algo :

    Qué ocurre cuando dejamos de exigirnos tanto y aun así seguimos sintiendo que algo falta?
    Qué ocurre cuando debajo de la perfección no encontramos paz, sino más preguntas?

    Los pocos momentos en los que dejo de pensar en todo esto suelen ser simples. Cocinar para alguien que quiero. Ver disfrutar a otra persona algo en lo que puse tiempo, atención y cariño.
    Y entonces me pregunto si tal vez el sentido nunca estuvo en alcanzar algo, sino en entregarlo.

    Si la perfección nace del miedo, ¿qué nombre recibe aquello que nace del amor?

    Responder
    • Hermano, qué hermoso lo que escribiste.

      Y creo que tienes razón: no siempre se trata de perseguir la perfección. A veces lo que pesa no es querer hacerlo todo impecable, sino sentir que incluso haciendo lo correcto, cumpliendo y avanzando, todavía queda una pregunta abierta por dentro.

      Quizás ahí aparece algo más profundo que la exigencia: la búsqueda de sentido.

      Me gustó mucho eso que dijiste de cocinar para alguien que quieres, de ver disfrutar a otra persona algo en lo que pusiste tiempo, atención y cariño. Porque tal vez ahí hay una pista muy grande: quizás el sentido no siempre aparece cuando logramos algo, sino cuando algo de nosotros logra tocar a otro.

      Y sobre tu pregunta final, me quedé pensando.

      Si la perfección nace del miedo, quizás aquello que nace del amor se llama entrega.

      Entrega no como sacrificio vacío, sino como presencia. Como dar algo verdadero sin necesitar que eso nos haga perfectos, suficientes o admirables. Solo darlo porque nace desde un lugar honesto.

      Quizás no venimos a encontrar todas las respuestas. Quizás venimos a aprender qué partes de nosotros cobran vida cuando dejamos de vivir solo para cumplir y empezamos a vivir también para entregar.

      Gracias por leerlo así, Tu comentario también es una reflexión en sí misma.

      Responder
  2. Piero me gustó mucho tu públicacion, gran parte de esa exigencia e idealización de ser perfectos, son patrones y creencias que nos han inculcado de pequeños, de generaciones tras generaciones impuestas por la sociedad, pero sucede que nada es perfecto y debiésemos ser más nosotros mismos y aceptar lo que es, lo que viene y como se está viviendo el proceso, porque quien abre los ojos de su entorno nisiquiera busca, se conecta con su verdadera escencia. Podemos ser felices sin ser perfectos, sentirnos llenos sin ser perfectos y aceptando que; estamos llenos de imperfecciones para lograr tu mejor versión o alcanzar el verdadero aprendizaje. Soy partidaria de que pensar bonito tiñe tu realidad, porque todo se va a percibir con la intención que miras, vives o disfrutas. ¿Cuánto nos queremos a nosotros mismos como para realmente aceptar la realidad ? ¿Somos autoexigentes para llenar nuestros vacíos interiores y alcanzar las expectativas de terceros para sentirnos aceptados y valorados ?
    Estaba pensando en que hay logros tan pequeñitos pero llenan el alma, y eso nos hace darnos cuenta que no necesitamos grandesas, necesitamos a nosotros mismos solamente. Una vez leí una frase muy bella que decía algo así “no seas nada, no seas nadie y cuando estés completamente vacío, el recipiente se llenará con lo que realmente eres” yo personalmente que cuando logramos desapegarnos de todo lo impuesto y estás abierto a aceptar toda verdad de ti con toda esa imperfección que no deseas saber, la vida se encarga de alinearte, moverte y poner en tu camino todo lo que realmente debe ver, hacer y como vivir. Solo somos espectadores viviendo una y otra vez, dependemos de nosotros mismos y yo hace bastante tiempo decidí que perfecta no soy y no lo seré y dejé de intentar lo que sea, solo fluir. Vamos al mismo camino, por eso posiblemente nos conocimos, por una vida más íntegra, un camino mejor !
    Lindo texto. Entretuviste mi recorrido en metro, por más textos con intension, menos redes superficies.

    Responder
    • Qué hermoso lo que escribiste, de verdad.

      Me quedo mucho con esa idea de que gran parte de nuestra autoexigencia viene de patrones heredados, de creencias que muchas veces ni siquiera elegimos conscientemente, pero que terminamos cargando como si fueran propias.

      Y sí, quizás una de las formas más honestas de sanar es justamente empezar a mirar esas capas, soltar lo impuesto y atrevernos a volver a nuestra esencia, incluso con todas esas imperfecciones que antes intentábamos esconder o corregir.

      Me gustó mucho eso que dijiste: podemos ser felices sin ser perfectos, sentirnos llenos sin ser perfectos. Creo que ahí hay una verdad enorme. Porque a veces pasamos tanto tiempo intentando alcanzar una versión ideal de nosotros mismos, que olvidamos que la vida también ocurre en lo simple, en lo pequeño, en lo cotidiano, en esos logros que no hacen ruido, pero sí llenan el alma.

      También me hizo mucho sentido lo de pensar bonito. No como una forma de negar la realidad, sino como una manera de mirar con más amor lo que estamos viviendo. Porque la intención con la que miramos también transforma la forma en que habitamos el proceso.

      Gracias por compartir algo tan honesto y tan tuyo. Me quedo con esta frase que escribiste: “no necesitamos grandezas, necesitamos a nosotros mismos solamente”. Siento que resume mucho de lo que intento transmitir con este camino.

      Y sí, quizás vamos hacia algo parecido: una vida más íntegra, más consciente, más real y menos superficial.

      Gracias por leerlo así y por acompañar este espacio con tanta intención.

      Responder

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